Ya había transcurrido su buen tiempo, cuanto no te sabría decir pero el suficiente como para que nos conozcamos bastante bien. Ella, mi compañera, mi contrincante, todavía estaba como en las primera jugadas, con su dulzura que la caracteriza y con su mirada que te atrapa. Esa era su mejor arma. Era el mío un movimiento clave, podía ganar moviendo sólo una pieza o bien no podía hacer nada y que se me escapara para nunca más poseerla. La aguja estaba por caer, tiempo no quedaba mucho y yo aun sin decidirme. No me podes culpar, que hubieses hecho vos? Te hubieses atrevido siquiera a desafiar a tan bella mujer? No, definitivamente no era una opción, no lo puedo hacer, no soportaría verla retirándose, cabizbaja, sin un hombro que la contenga. La necesistaba conmigo, para siempre. No la conocía hace mucho tiempo, apenas ese instante en el que tanto nos "dijimos", pero ya sabía todo lo necesario sobre ella.
Decidí, tras fuertes peleas internas, no mover ese peón de la quinta columna, sólo mover un alfil que tenía olvidado, un alfil que desarmaba todo mi juego, y así me mostré servido ante ella, frágil, sumido. Podía ella hacer conmigo lo que quisiera, no se de donde iba a sacar fuerzas para negarme; pero para sorpresa mia no movió, de hecho no hizo nada. De un golpe tumbó el tablero, todas las piezas por el suelo, algunas en dos pedazos algunas en tres, ya no importaba, ahora estábamos nosotros sobre la mesa disfrutando nuestro juego mucho más, un juego mucho más nuestro.
Entendió mi pregunta y con su silencio me respondió.
Y es así como los dos ganamos, sin mover absolutamente ninguna pieza.
Jaque mate
fin del juego? O comienzo de otro?
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