Antes que nada, cabe destacar que esta es una historia verídica, y si no me creen consúltenlo en los libros de historia, porque no es mas que eso: historia.
Te debo este “texto” desde hace ya algún tiempo, si no me equivoco en nueves días va a hacer un año de que te lo prometí. Fecha que me acuerdo porque también fue uno de los días mas feos que en suerte me hiciste vivir. También me debo esta historia a mi mismo, pues es lo único que me va a quedar para el día de mañana, esto y tus enseñanzas.
A esta altura ya debes saber que estoy hablando de vos, nombre cual no hace falta mencionar.
Si me preguntaran como nos conocimos, diría que vos me viste primero, y aunque nunca te lo conté, te escuche decir: “que lindo el chico del yeso” después me pisaste con tu valija, te dije una o dos cosas lindas y antes de darnos cuenta estábamos hablando hasta la madrugada en el hall de ese hotel de Buenos Aires. Fue en un viaje en el que competíamos pero lo “formal del viaje” en poco tiempo perdió su gusto y esos días se convirtieron en una cita larga, la cita mas genial de todas las que voy a tener. Pasaron los días y ninguno había dormido nada ninguna de las noches, nuestras habitaciones estaban al lado, como hacerlo? Como no quedarse hablando (si, solamente hablando) con una de las chicas mas interesantes que conocí? Fue en el último día de ese viaje que hicimos el trato mas importantes de todos. Me prestaste un libro. Obviamente ni lo leí es mas, no se cual era su título. Pero tres semanas después de volver y de no pensar en otra cosa que en vos, tenía una excusa para verte.
Y quien iba a decir que lo cumplimos y que viajé a devolvértelo. Tres cuarto de mes mas tarde estábamos tomando helado en "Rolt", una heladería que fui pocas veces, pero a los 80 años me voy a seguir acordando de como era, ese olorcito a despreocupación, a pequeño rincón de felicidad. Asi era todo con vos, brillante, trazábamos nosotros las reglas que nunca cumplíamos.
Con el tiempo me fuiste enseñando como eras, con esa pizca de rebeldía e inseguridad y me fuiste enseñando muchas cosas, conocimos bandas de música juntos y nos fuimos conociendo a nosotros mismos, juntos, de la mano del otro.
Lo del medio fueron besos, helados, nutella, mucha nutella, explotar coca con mentos, y esperar a que caiga la noche sobre los campos de tan pequeño pueblito. A la noche eras otra, y yo, yo no te podía decir nada. Si a la noche no eras mía Un día me lo demostraste y nunca más nos volvimos a hablar.
Si por la casualidades de la vida lees esto, mandale saludos a Nube, nuestra hija, que hasta el día de hoy sigo le cambiando el sexo.
Es un orgullo el hoy considerarte mi amiga, muchas gracias por haberme enseñado tantas cosas, por haberme tenido paciencia.
Estoy seguro que algún día te voy a cruzar cerca de la cancha de central asi que cada vez que haya partido, pongamosnos lindos si vamos a salir.
Pero mientras tantos, sigo brindando por vos
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| Y que haremos en el próximo movimiento? |