Estaba en la tercer góndola de aquel super infestado de personas de piel amarilla, cuando veo unos ojitos abrillantados, unos ojitos que, si me dejan presumir, se avellanan cuando lloran. Estaba imaginandome eso cuando oigo una voz que hace juego con esa mirada, una voz que definitivamente tenía que ser de aquel hombre en potencia, de aquel niño que hace no tanto había dejado los pañales, estaba perdido en la dulzura de tanta inocencia cuando lo escucho:
"Somos pocos los que tenemos suficiente valentía
para enamorarnos del todo si la otra parte no nos
anima."
No era inteligente el pibito eeh, ni a palo. Resulta que terminó siendo un doctor en física y en sus tiempos libres filósofo bohemio. Y todo eso con tres añitos. Me contó, en una charla de café que lo miraban raro en Cambridge cuando iba con chupete, me comentó al pasar también que habían sido muy injusto con él en los tres meses que le llevó hacer la carrera y diplomatura pues no lo dejaron pasar ni a un solo bar. Tenía que ponerse él solo cerveza en la mamadera cuando se quedaba a dormir en la casa de aquella amiga especial que tenía.
No dejó de nombrarme también que difícil se le hacía esconder los manuales de anatomía tras los cómics para que su mamá no se diera cuenta. Pero eso sí, no podía, ni ante el más inminente examen, posponer su siesta de dos horas después del almuerzo.
- Mi mamá esta terminando en la caja, lamento que nuestra charla sea tan breve me dijo, pero no dudes de ir a tomar una medida de wisky, claro que no se lo digas a ella, pues no me deja salir después de las siete

No hay comentarios:
Publicar un comentario