viernes, 2 de mayo de 2014

"Amar es permitir que seas feliz, aun cuando tu camino sea diferente al mio."
-“Te amo” - dijo el principito…

-“Yo también te quiero” - dijo la rosa.

-“No es lo mismo” - respondió él…

"Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar

 en los demás eso que llena las espectativas personales de

afecto, de compañía…

Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es 

adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en 

algún punto nos reconocemos carentes.

Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas 

desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no 

tenemos 

reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no 

nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.

Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la 

otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema 

es 

que hay una mayor probabilidad de que la otra persona 

tenga otras motivaciones, pues todos somos muy 

diferentes. Cada ser humano es un universo.

Amar es desear lo mejor para el otro, aún cuando tenga 

motivaciones muy distintas.

Amar es permitir que seas feliz, aún cuando tu camino sea 

diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que 

nace en un donarse, es darse por completo desde el 

corazón. Por esto, el amor nunca será causa de 

sufrimiento.

Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en 

realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por 

apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada 

ha esperado del otro.

Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, 

por el simple y puro placer de dar.

Pero es cierto también que esta entrega, este darse, 

desinteresado, solo se dá en el conocimiento. Solo 

podemos amar lo que conocemos, porque amar implica 

tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se 

indemniza.

Y conocerse es justamente saber de vos, de tus alegrías, 

de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de 

tu 

error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el 

error y no es solo para momentos de alegría.

Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a 

estar, no porque me debas nada, no con posesión egoista, 

sino estar, en silenciosa compañía.

Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las 

tempestades, ni mis inviernos.

Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes 

como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en 

el tuyo hay un lugar para mí.

Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. 

La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y 

dejarse amar.”

-“Ya entendí” - dijo la rosa.

-” No lo entiendas, vívelo” -dijo el principito

miércoles, 5 de marzo de 2014

FdCyT 2011

Hoy en día estamos todos en movimiento, la movilidad se ha convertido en un factor estratificador poderoso a partir del cual se construyen y reconstruyen las nuevas jerarquías sociales, políticas, económicas y culturales en el mundo. Pero el ritmo acelerado de este movimiento de migraciones interiores va generando situaciones de las cuales algunas son conflictivas.
Desde su fundación hasta la actualidad la ciudad de rosario ha sido sede de distintos cambios sociales y culturales. Le toca vivir hoy el de estar convirtiéndose en una ciudad cosmopolita pero para que esto se logre además de las características físicas propias del crecimiento de una ciudad es importante también que la sociedad lo acepte y lo tome como algo positivo para su progreso.
La responsabilidad es colectiva: la comparten la sociedad, el estado y el gobierno: la cuestión multicultural no es solo cuestión de convivencia social o ética, sino también eminentemente política, puesto que es afianzada por actores públicos. El problema del multicultarlismo procura hoy darle una respuesta a un viejo problema que acompaña al pensamiento político moderno de los orígenes: la asimilación de quien se presenta como “distinto” a “nosotros” y que por esta diversidad nos provoca miedo. Es por esto que  las ideas que sustentan nuestra investigación están estrechamente ligadas al desarrollo integral de toda persona humana. Estas ideas sostenidas por pensadores, filósofos, líderes religiosos, psicólogos, revelan el carácter universal de dignidad del ser humano.
Una vez mas, nuestras comunidades nativas están inmersas en esta situación y por ello el desafió es mas grande, porque el panorama no es bueno, mientras las expectativas sociales van en aumento.
En la actualidad, uno de los principales obstáculos que impiden la integración de estas personas, en especial las de las comunidades tobas o qom, y su acceso equitativo a los derechos humanos en las sociedades anfitrionas son los sentimientos arraigados. Para promover su integración en la sociedad y proporcionarles mayores oportunidades para que contribuyan con el desarrollo de las mismas, es fundamental adoptar medidas para eliminar las percepciones negativas que tienen las comunidades anfitrionas.
Las sociedad multiculturales no pueden ser teorizadas o entendidas dentro de un marco exclusivista de una teoría política o filosófica en particular sino que la comprensión y la organización debe provenir del dialogo cultural institucionalizado de las culturas que se relacionan entre si; es por esto que nuestro trabajo no se limitara solo al abordaje de conceptos teóricos sino también se llevara a cabo un trabajo de campo en las tres comunidades tobas situadas en Rosario.
De esta manera, lo múltiple y heterogéneo no se percibe como un problema a resolver sino como un dato fáctico para representar a la socidedad en términos que respondan a la realidad dando cuenta del carácter multifacético de los fenómenos de redimencioinalizacion territorial y reconstrucción identitaria.

La comunicación entre comunidades es posible, pero requiere mas esfuerzo del que se supone si se quiere orientar la acción en búsqueda de objetivos compartidos. 

sábado, 1 de marzo de 2014

ED

No entiendo. Me habías dicho: "No nos vamos a ver

más. Somos libres". Yo me quedé muda mirándote la 

espalda y te perdiste en la esquina de la estación.

¿Qué esperabas? ¿Que te corriera atrás? ¿Que te

llamara a gritos? ¿Para qué quería yo esa libertad 

que me regalabas? ¿Para qué la quería?


jueves, 20 de febrero de 2014

Pablo Gentili


Un zapato perdido (o cuando las miradas “saben” mirar)


"Para aclarar las confusas ideas que me invadían decidí salir con Mateo, mi hijo de un año, a hacer unas compras. Las necesidades familiares eran, como casi siempre, eclécticas: pañales, disquetes, el último libro de Ana Miranda y algunas botellas de vino argentino difíciles de encontrar a buen precio en Río de Janeiro. Luego de algunas cuadras, Teo se durmió plácidamente en su cochecito. Mientras él soñaba con alguna cosa probablemente mágica, percibí que uno de sus zapatos estaba desatado y casi cayendo. Decidí sacárselo para evitar que, en un descuido, se perdiera. Pocos segundos después, una elegante señora me alertó: “¡Cuidado!, su hijo perdió un zapatito”. “Gracias, respondí, pero yo se lo saqué.” Algunos metros más adelante, el portero de un edificio con garaje, aparentemente de sonrisa tímida y palabra corta, movió la cabeza en dirección al pie de Mateo diciendo en tono grave: “El zapato”. Levantando el dedo pulgar en señal de agradecimiento continué mi camino. Antes de llegar al supermercado, doblando la esquina de la Avenida Nossa Senhora de Copacabana y Rainha Elizabeth, un surfista igualmente preocupado con el destino del zapato de Teo dijo: “OI, mané, tu hijo perdió la sandalia”. Erguí el dedo nuevamente y sonreí en señal de agradecimiento. Ya en el supermercado, los llamados de atención continuaron. La supuesta pérdida del zapato de Mateo no dejaba de generar diferentes muestras de solidaridad y alerta. Llegando a nuestro departamento, Joao, el portero, haciendo gala de su habitual histrionismo, gritó despertando al niño: “¡Teo!, tu papá perdió de nuevo el zapato”.
El sol tornaba aquella mañana especialmente brillante. La preocupación de las personas por el paradero del zapatito, aunque insistente, le daba un toque solidario que la hacía más alegre o, cuanto menos, fraternal. Sin embargo, una vez a resguardo de los llamados de atención, comenzó a invadirme una incómoda sensación de malestar. 
Río de Janeiro es, como cualquier gran metrópoli latinoamericana, un territorio de profundos contrastes, donde el lujo y la miseria conviven en forma no siempre armoniosa. Mi desazón era, quizás, injustificada: ¿Qué hace del pie descalzo de un niño de clase media La generación de condiciones institucionales para la enseñanza motivo de reparo y circunstancial preocupación en una ciudad con centenas de chicos descalzos, brutalmente descalzos? ¿Por qué, en una ciudad con decenas de familias viviendo a la intemperie, el pie superficialmente descalzo de Mateo llamaba más la atención que otros pies cuya ausencia de zapato es la marca inocultable de la barbarie que supone negarlos más elementales derechos humanos a millares de individuos? La pregunta me parecía trivial. Sin embargo, de a poco, fui percibiendo que aquel acontecimiento tenía bastante que ver con el libro que quería escribir, y esta sensación, lejos de tranquilizarme, me perturbó todavía más. Traté de ordenar en vano mis ideas. 
La posibilidad de reconocer o percibir acontecimientos es una forma de definir los límites siempre arbitrarios entre lo “normal” y lo “anormal”, lo aceptado y lo rechazado, lo permitido y lo prohibido. De allí que, mientras es “anormal” que un niño de clase media ande descalzo, es “absolutamente normal” que centenas de chicos de la calle anden sin zapatos y deambulando por las calles de Copacabana pidiendo limosnas.
La “anormalidad” vuelve los acontecimientos visibles al mismo tiempo que la “normalidad” suele tener la facultad de ocultarlos. Lo “normal” se vuelve cotidiano. Y lo cotidiano se desvanece ante la percepción como producto de su tendencial naturalización. 
En nuestras sociedades fragmentadas, los efectos de la concentración de riquezas y la ampliación de miserias se diluyen ante la percepción cotidiana no sólo por efecto de la frivolidad discursiva de los medios de comunicación, sino también por la propia fuerza que adquiere todo aquello que se torna cotidiano (o sea, “normal”). Expresado sin tantos rodeos, lo que pretendo decir es que, hoy, en nuestras sociedades dualizadas, la exclusión es invisible a los ojos. Ciertamente, la invisibilidad es la marca más visible de los procesos de exclusión en este milenio que comienza. La exclusión y sus efectos están ahí. Son evidencias crueles y brutales que nos enseñan las esquinas, que comentan los diarios, que exhiben las pantallas. Sin embargo, la exclusión parece haber perdido poder para producir espanto e indignación en una buena parte de la sociedad."

viernes, 14 de febrero de 2014

"...No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe... No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma. No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música. No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y sienta un inmenso horror por las injusticias. Una que no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo. No te enamores de una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, JAMÁS se regresa..."



lunes, 10 de febrero de 2014

Procesos

Vivir es fluir, "cuchillear", ir picoteando algo de vos, algo de él, algo de mi. Nos imagino a todos en una gran reunión, un gran re encuentro tal vez. - Henos aquí, dice una voz. La voz de cualquiera, la voz de todos. Una voz conocida, que deja su eco, su reverberancia, nos impregna y empalaga. Después de todo, no es distinta al resto de las cosas. Cada vez que algo nos toca, nos roza, deja en nosotros algo de él (de eso) llevándose, en el mismo instante, algo de nosotros mismos. De este modo, nada ni nadie viene para dejarnos en el mismo modo en que nos encuentra. No puede. Simplemente no puede. Por mera condición de humano (o no-humano) no puede. No está (estamos) capacitados para permanecer inmóviles frente a una ida o venida en nuestro entorno. Entonces pues, si por cada roce cambiamos, imaginémosnos en esa "gran reunión" en donde todos oscilamos entre todos nos chocamos nos sentimos nos olemos. El (inter) cambio de fragancia,la cual, poco a poco, va evolucionando hasta convertirse en una sola, lineal y homogénea. Un aroma que es la construcción de todos, todos y cada uno de nosotros aportamos algo, todos somos dueños, y todos la poseemos. Ahora bien, supongamos que nunca hubiese dicho fragancia; escribo y re-escribo; supongamos que hubieses leído ideología, culto, construcción común. Si hubiese sido así, que así lo fue,  tendría como resultado la construcción de algo mucho más grande y emblemático: una democracia. La fuimos formando entre todos, fue naciendo de entre los picoteos de opiniones.
De este modo, juntos, nosotros fuimos cambiando a lo largo de todo este proceso. La tierra está viva, por lo que todo lo que está en su faz se transforma. Si pudiéramos sacarnos de la cabeza nuestro modelo tridimensional para incluir una cuarta línea nos daríamos cuenta que nosotros mismos somos un proceso, un proceso que nace de la planificación (o no) de otras personas y uno que no muere, pues vive para siempre en todas aquellas personas que rozó alguna vez armándose una cadena de interminables ramificaciones, una cadena que crece, de la mano de nosotros mismos, cada día más.
Y así es como acaba todo. Al fin y al cabo, la vida (sólo) es una serie de sucesos.