Vivir es fluir, "cuchillear", ir picoteando algo de vos, algo de él, algo de mi. Nos imagino a todos en una gran reunión, un gran re encuentro tal vez. - Henos aquí, dice una voz. La voz de cualquiera, la voz de todos. Una voz conocida, que deja su eco, su reverberancia, nos impregna y empalaga. Después de todo, no es distinta al resto de las cosas. Cada vez que algo nos toca, nos roza, deja en nosotros algo de él (de eso) llevándose, en el mismo instante, algo de nosotros mismos. De este modo, nada ni nadie viene para dejarnos en el mismo modo en que nos encuentra. No puede. Simplemente no puede. Por mera condición de humano (o no-humano) no puede. No está (estamos) capacitados para permanecer inmóviles frente a una ida o venida en nuestro entorno. Entonces pues, si por cada roce cambiamos, imaginémosnos en esa "gran reunión" en donde todos oscilamos entre todos nos chocamos nos sentimos nos olemos. El (inter) cambio de fragancia,la cual, poco a poco, va evolucionando hasta convertirse en una sola, lineal y homogénea. Un aroma que es la construcción de todos, todos y cada uno de nosotros aportamos algo, todos somos dueños, y todos la poseemos. Ahora bien, supongamos que nunca hubiese dicho fragancia; escribo y re-escribo; supongamos que hubieses leído ideología, culto, construcción común. Si hubiese sido así, que así lo fue, tendría como resultado la construcción de algo mucho más grande y emblemático: una democracia. La fuimos formando entre todos, fue naciendo de entre los picoteos de opiniones.
De este modo, juntos, nosotros fuimos cambiando a lo largo de todo este proceso. La tierra está viva, por lo que todo lo que está en su faz se transforma. Si pudiéramos sacarnos de la cabeza nuestro modelo tridimensional para incluir una cuarta línea nos daríamos cuenta que nosotros mismos somos un proceso, un proceso que nace de la planificación (o no) de otras personas y uno que no muere, pues vive para siempre en todas aquellas personas que rozó alguna vez armándose una cadena de interminables ramificaciones, una cadena que crece, de la mano de nosotros mismos, cada día más.
Y así es como acaba todo. Al fin y al cabo, la vida (sólo) es una serie de sucesos.
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